
Primero: Esta película debería haberla dirigido Tim Burton.
Segundo: Mi estado emocional al verla era bastante deplorable, estaba en Argentina y mi mamá acababa de abandonarme, o sea que me puse a llorar sin el menor motivo. Un personaje dijo algo como: “una amiga mía nunca pudo despedirse de su madre” y me puse a llorar.
Tercero: Esas dos eran excusas para justificarme en caso de que esta reflexión le pareciera una mierda… bueno, más bien la segunda es una excusa. La primera es una frase que no sabría donde meter.
El curioso caso de Benjamin Button, cuenta la historia de un hombre que nace de ochenta años. Su pequeño cuerpo está surcado por arrugas y sufre todas las enfermedades que habitualmente sufren los ancianos. Es abandonado por su padre, quien está resentido porque su mujer murió al dar a luz a aquella bolita de carne arrugada, y también asustado ante la rareza que el muchacho constituye.
Con el tiempo, la masita, se hace joven y se convierte en Brad Pitt.
O sea que no podía ser un tipo cualquiera, tenía que convertirse en Brad Pitt… Si yo naciera con ochenta años me conformaría con quedar como Patty Maldonado… o sea que después de todo no tuvo mala suerte.
Pese a que debe afrontar el rechazo social, cuando siendo un niño en cuerpo viejo, se enamorisca de una linda colorina. Afronta la soledad al saberse distinto y también el paso del tiempo, contra el cual no puede hacer nada, igual que nosotros (o sea que ser Brad Pitt no te asegura nada).
La película cuenta con un reparto excepcional y un gran equipo técnico, sin embargo la sentí plana. De todos modos es una buena película, original (dentro de la medida de lo posible) y lo suficientemente larga como para que alcance el ego de todos aquellos que participan en ella.
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